Pablo mandó su primera historia el viernes, 21 de enero de 2000 14:52
Pablo Dana wrote:
Aquella noche estaba más hermosa que nunca. Sería la anfitriona de una gran fiesta en la que recibiría a las más grandes personalidades de la ciudad irlandesa de Belfast. Ustedes se preguntarán el motivo del festejo. Había recibido el máximo galardón de literatura de todo el Reino Unido. Saubine, que así se llamaba, estaba intranquila. Sabía que algo extraño ocurriría en su tan ansiada coronación. Ella presentía algo que solo alguién más sabía. De repente, esa vaga sensación de angustiía se vió interrumpida por la potente y marcial voz de Bruno, el mayordomo; "Señora, Sir Vallantines ha llegado ". Era el primer invitado...
Sent: Monday, January 24, 2000 2:17 PM
Edgardo Hager wrote:
Sir Valentine entro a la sala. Saubine, ni bien lo vio, sintio algo que hacia tiempo no sentia... Ella estaba exitada. Se avergonzo, quiso correr, pero no pudo, ya que Sir Valentine se hacercaba directo a ella. Era obvio, era la unica dama en la sala y ademas, ella era la galadonada. Sir Valentine le dijo: "Saubine... Un placer para mi conocerla en persona. Quiero felicitarla por su galardon. Se hizo justicia!" Ella se sonrojo. No sabia que contestar, le faltaron las palabras. Cuando Sir Valentine le extendio la mano, ella se sumergio en cientos de pensamientos de lujuria y amor."Se hizo justicia", prosiguio Valentine, "porque es Ud. la primera escritora que llega a esta distincion, teniendo sus comienzo literarios en una revista de fantasias sexuales". Saubine, sintio desmayarse. Como la habia descubierto!? Si ella jamas habia contado nada a nadie. Era su secreto mas y mejor guardado. Era una contribucion real, de sus años de juventud, donde ella canalizaba todas sus fantasias a traves de esta revista. Siguio muda... en esa mezcla de exitacion y asombro. Sir Valentine dijo: "no considere esto una extorsion, pero como lector de esas fantasias, me seria un honor poder llevarlas a cabo con una persona tan encantadora!" Y asi se retiraron a la biblioteca real, lejos de la reunion. Y fue la primera vez que se entrego un premio tan importante en ausencia de la galardonada y del principal juez. Ambos, estaban disfrutando de toda la literatura que Saubine se habia dedicado a ella misma, en secreto.
Cosas que encontré por ahí, me interesaron y no sabía donde guardarlas...
viernes, 11 de febrero de 2011
Concurso email
Y Olga por primera vez escribió algo muy loco... y German para variar le contesto a tono...
Sent: Monday, January 24, 2000 1:22 PM
Olga Ageret wrote:
Apenas era Abril y ya sentía las garras del frío escalando su espalda, helando sus dedos, aquietando la tinta de su pluma que estallaba en mil pedazos por presión del vacío. Ya la escarcha de principios de Junio se clavaba en sus pies mientras caminaba descalza buscando el camino que la llevara a la sagrada luna, sólo vistiendo la piel y las plumas de sus alas; quebrándola, congelada, siguiendo sus pisadas que formaban un círculo. La piel erizada, la carne fría como el aire que la alcanzaba. La sangre coagulada, detenida, aguardando la redención, queriendo ser consagrada.
Por la nariz, por la boca: gotas de amarga hiel cristalizada resbalando como cuchillas afiladas por su garganta, por su pecho, abriendo tajos en su piel helada. Mientras caían iban tallando en su cuerpo los primeros días de un Junio que apenas nacía en Abril y terminaban en la escarcha, sobre el césped amarillento de frío, estallando en cristales que esparcían su sangre por las huellas de sus pasos, que seguían remarcando su círculo vicioso, eterno, infinitamente frío.
Volvió en sí expulsada desde el hielo de alguno de sus otros yo. Parte de su cabeza, que la protegía de su propia sublevación contra sí misma, había decidido reanudar el lazo: nada filoso al alcance de su mano, ni espejos, ni agujas, ni cuchillas...
Sent: Monday, January 24, 2000 2:33 PM
German wrote:
Ensimismada por tanta desazón, intentó hacerse de sus propias miserias, y castigándose por no haber podido enlazarlo, creyó haberse escuchado de por sí. En un interior lleno de vacíos. En un interior repleto de ausencias.
En un interior desbordante de espacios en blanco. Y creyendo encontrarse en aquél ambiente frisado por el blanco paño de agua sólida, viose en tantos lugares... ¿Era quizás una faceta de su misma alma? Creo que sí, pues el aire, reflejado en un espejo, sigue siendo aire, a pesar de ser efímero. Y sucedía aquello con su manto. Entonces, con una daga de cuestionamientos, empezó a intentar descubrirlo. ¿Soy yo aquella jóven escritora llena de ensueño que empezaba a vivir las fantasías del amor? SÍ, LO SOY. ¿Soy acaso esa anciana cuenta historias que no sabe escapar de su infierno de agonías? SÍ, LO SOY.
Entonces cuéntame jóven escritora. ¿Cómo puede el ensueño del amor asemejarse a un destierro de muertes??? Y una voz poética salió de su interior.Interior ya no desolado. Sino repleto de presencias. Y escuchó:
Acaso desconoces que AMOR rima con DOLOR ?? El sentimiento mas bello puede transformarse en un punzante desconcierto, cubierto por el llanto.
Fue entonces cuando el desconcierto tomo forma de hallazgo. Cuando el frío helado de las sombras iluminó su dorado encanto. Cuando su interior partido por sus miedos, acompañaron su principio.
Y desde ese día, el frío y el calor se conocieron, el tormento y la dulzura se miraron, el amor y el dolor en uno se fundieron ...
Muy loco... era el año 2000..!
Sent: Monday, January 24, 2000 1:22 PM
Olga Ageret wrote:
Apenas era Abril y ya sentía las garras del frío escalando su espalda, helando sus dedos, aquietando la tinta de su pluma que estallaba en mil pedazos por presión del vacío. Ya la escarcha de principios de Junio se clavaba en sus pies mientras caminaba descalza buscando el camino que la llevara a la sagrada luna, sólo vistiendo la piel y las plumas de sus alas; quebrándola, congelada, siguiendo sus pisadas que formaban un círculo. La piel erizada, la carne fría como el aire que la alcanzaba. La sangre coagulada, detenida, aguardando la redención, queriendo ser consagrada.
Por la nariz, por la boca: gotas de amarga hiel cristalizada resbalando como cuchillas afiladas por su garganta, por su pecho, abriendo tajos en su piel helada. Mientras caían iban tallando en su cuerpo los primeros días de un Junio que apenas nacía en Abril y terminaban en la escarcha, sobre el césped amarillento de frío, estallando en cristales que esparcían su sangre por las huellas de sus pasos, que seguían remarcando su círculo vicioso, eterno, infinitamente frío.
Volvió en sí expulsada desde el hielo de alguno de sus otros yo. Parte de su cabeza, que la protegía de su propia sublevación contra sí misma, había decidido reanudar el lazo: nada filoso al alcance de su mano, ni espejos, ni agujas, ni cuchillas...
Sent: Monday, January 24, 2000 2:33 PM
German wrote:
Ensimismada por tanta desazón, intentó hacerse de sus propias miserias, y castigándose por no haber podido enlazarlo, creyó haberse escuchado de por sí. En un interior lleno de vacíos. En un interior repleto de ausencias.
En un interior desbordante de espacios en blanco. Y creyendo encontrarse en aquél ambiente frisado por el blanco paño de agua sólida, viose en tantos lugares... ¿Era quizás una faceta de su misma alma? Creo que sí, pues el aire, reflejado en un espejo, sigue siendo aire, a pesar de ser efímero. Y sucedía aquello con su manto. Entonces, con una daga de cuestionamientos, empezó a intentar descubrirlo. ¿Soy yo aquella jóven escritora llena de ensueño que empezaba a vivir las fantasías del amor? SÍ, LO SOY. ¿Soy acaso esa anciana cuenta historias que no sabe escapar de su infierno de agonías? SÍ, LO SOY.
Entonces cuéntame jóven escritora. ¿Cómo puede el ensueño del amor asemejarse a un destierro de muertes??? Y una voz poética salió de su interior.Interior ya no desolado. Sino repleto de presencias. Y escuchó:
Acaso desconoces que AMOR rima con DOLOR ?? El sentimiento mas bello puede transformarse en un punzante desconcierto, cubierto por el llanto.
Fue entonces cuando el desconcierto tomo forma de hallazgo. Cuando el frío helado de las sombras iluminó su dorado encanto. Cuando su interior partido por sus miedos, acompañaron su principio.
Y desde ese día, el frío y el calor se conocieron, el tormento y la dulzura se miraron, el amor y el dolor en uno se fundieron ...
Muy loco... era el año 2000..!
lunes, 7 de febrero de 2011
Adaptación Obra
Encontré esta adaptación de una obra de Roberto Arlt que tuvimos que representar en el taller de teatro que hice en la UADE entre 1999 al 2000
SAVERIO, EL CRUEL.
ROBERTO ARLT
PERSONAJES
SAVERIO: GERMAN
SUSANA: DAIANA
LUISA: JULI
PEDRO: EDGARDO
(De la Escena I)
Susana, Pedro y Julia
SUSANA (separándose bruscamente del grupo y deteniéndose junto a la puerta izq.) – Entonces yo me detengo aquí y digo: ¿De dónde ha sacado Usted que yo soy Susana?
PEDRO – Si, ya sé, ya sé...
SUSANA (Volviendo a la rueda) – Ya debería estar aquí.
PEDRO (Mirando su reloj) – Las cinco.
LUISA (mirando su reloj) – Tu reloj adelanta siete minutos... (A Susana). - ¡Bonita farsa la tuya!
SUSANA (de pié, irónicamente). Este año no dirán en la estancia que se aburren. La fiesta tiene todas las proporciones de un espectáculo.
PEDRO – Si es un hombre inteligente, festejará del ingenio de Susana.
(Susana se retira... por la izq.)
(...)
(de la escena III)
PEDRO (Mirando a Susana retirarse, sin poder explicarse por que se retira) – Esto si que está bueno, nos planta en lo mejor! Quizás no le falte razón. ¿ Qué hacemos si al mantequero le da por tomar las cosas a lo trágico?
LUISA (despeinando a Pedro) – No digas pavadas. Ese hombre es un infeliz. Verás. Nos divertiremos inmensamente.
PEDRO (asomándose a la ventana) – Ahí está el mantequero.
LUISA – ¿Le aviso a Susana?
PEDRO (dándose vuelta hacia ella) - No!
(De la escena VI)
LUISA (Yendo hacia la puerta). – Buenas tardes. Permítame, Saverio. (Le toma el sombrero y lo cuelga en la percha) Soy hermana de Susana...
SAVERIO (Moviendo tímidamente la cabeza). – Tanto gusto. ¿La señorita Susana?
LUISA. – Pase usted. Susana no podrá atenderlo.... (Señalándolo a Pedro) Le presento al doctor Pedro.
PEDRO (Estrechándole la mano) Encantado.
SAVERIO. – Tanto gusto. La señorita Susana me habló de unas licitaciones de manteca...
PEDRO. – Sí, el otro día me informó... Usted deseaba colocar partidas de manteca en sanatorios....
SAVERIO (ansioso). - ¿Habría posibilidades?
LUISA. – Lástima grande, Saverio. Usted llega en tan mal momento...
SAVERIO (sin entender). – Señorita, nuestra manteca no admite competencia. Puedo disponer de grandes partidas y sin que estén adulteradas con margarina...
LUISA. – Es que...
SAVERIO (interrumpiendo). – Posiblemente no le dé importancia usted a la margarina, pero detenga su atención en esta particularidad: los estómagos delicados no pueden asimilar la margarina; produce acidez, fermentos gástricos...
LUISA. – ¿Por qué no habrá llegado usted en otro momento? Estamos frente e una terrible desgracia de familia, Saverio.
SAVERIO. – Si no es indiscreción...
LUISA. – No, Saverio. No. Mi hermanita Susana...
SAVERIO. -¿Le ocurre algo?
PEDRO. – Ha enloquecido.
SAVERIO. (Respirando). - ¡Ha enloquecido! Pero, no es posible. El otro día cuando vine a traerle un kilo de manteca parecía lo mas cuerda...
LUISA. – Pues ya ve cómo las desdichas caen sobre uno de un momento para otro...
SAVERIO. – Es increíble...
PEDRO. – ¿Increíble? Pues, mírela, allí está espiando hacia el jardín.
(Por la puerta asoma la espalda Susana, mirando hacia el jardín. De espaldas al espectador)
PEDRO. – Quiero observarla. Hagan el favor, escondámonos aquí.
PEDRO, LUISA y SAVERIO se ocultan. SUSANA se vuelve. SUSANA se muestra en el fondo de la escena con el cabello sobre la espalda, vestida de ropas masculinas. Avanza por la escena mirando temerosamente, moviendo las manos como si apartase lianas y ramazones.
SUSANA (melancólicamente). Árboles barbudos... y silencio... (Inclinándose hacia el suelo) Ninguna huella de ser humano. (Con voz vibrante y levantando las manos hacia el cielo) ¿¡oh, Dioses! ¿ Por qué habéis abandonado a esta tierna doncella? Oh! Sombras infernales, ¿por qué me perseguís?
Siempre el siniestro tambor de la soldadesca. Ellos allá, y yo aquí. (Agarrándose la cabeza). Todos los seres de la creación gozan un instante de reposo. Pueden apoyar su cabeza en el pecho deseado. Todos menos yo, fugitiva de la injusticia del Coronel desaforado. (se deja caer al piso) O terrores, terrores desconocidos, incomunables! ¿quién se apiada de la proscripta desconocida? ( se pone de pie) ¿ que hacer? No hay cueva que no registren los soldados del Coronel? (tomándose dolorida la cabeza) ¡cuando acabará mi martirio!
PEDRO. – (Saliendo del escondite, le pone una mano en el hombre) Tranquilízate, Susana.
SUSANA (con sobresalto violento)- Yo no soy Susana. ¿Quién es usted?
PEDRO. – Tranquilícese. (señalando las sillas) sentémonos en los troncos.
SUSANA.- ¿quién es usted? ¿ por qué no me contesta?
PEDRO – (vacilante, como quién no recuerda la letra) Perdón.... recién me doy cuenta que usted es una mujer vestida de hombre.
SUSANA – Y entonces, ¿por qué me llamó Susana?
PEDRO.- ¿Yo la llame Susana? No puede ser. Ha escuchado mal. Jamás pude haberla llamado Susana.
SUSANA (sarcástica) - ¿ Trabaja al servicio del Coronel? ¡eh!...
PEDRO (fingiendo asombro) - ¿El Coronel? ¿Quién es el Coronel?
(...)
SUSANA. – Soy la reina Bargatiana.
PEDRO. - ¿La Reina? ¿Vestida de hombre? ¿ Y en el bosque?
SUSANA. - ¿Ha caído un rayo?
PEDRO. – Mi suerte es descomunal.
SUSANA. – ¿Comprendes ahora la inmensidad de mi desgracia?
PEDRO (arrodillándose) Majestad... la miro y creo y no creo...
SUSANA. – Me has llamado Majestad... ¡Cuánto hace que esas palabras no suenan en mis oídos!
PEDRO. – Majestad, permítame que le bese las manos...
SUSANA. – (violenta) Esta revolución no es obra del pueblo, sino confabulación de mercaderes! Para salvar la vida tuve que disfrazarme de criada y huir por un subterráneo. Me protegió esta estampita de la Virgen. (La saca del pecho y la besa. Cambiando de tono) ¿Te atreverías tu?
PEDRO. - ¿ A qué Majestad?
SUSANA. – A cortarle la cabeza al Coronel.
PEDRO. - ¿ Al Coronel, si el no me ha hecho nada?
SUSANA. (sin oír lo que le dicen) Los soldados me buscan. Escapemos!!
PEDRO. – A mi cabaña, Majestad. Corra a mi cabaña! Allí no la podrán encontrar. (guía a Susana hasta la salida.)
(...)
LUISA. (saliendo con Saverio) ¡Me parte el corazón escucharla! ¡que talento extraviado! Y tan ciertamente se cree en el bosque.
(Se sientan a la mesa)
SAVERIO. – ¿Y tendrá remedio esta locura, doctor?
PEDRO – Es aventurado anticipar afirmaciones. Yo tengo un proyecto. A veces da resultado. Consiste en rodear a Susana del reino que ella cree perdido.
SAVERIO. – Eso es imposible.
PEDRO. –En breves términos: la obsesión de Susana circula permanentemente en torno de una cabeza cortada. La cabeza cortada es el leivmotiv de sus disquisiciones. Pues bien, nosotros hemos pensado en organizar una comedia con habilidad tal, que Susana asistirá a la escena en donde se le corta la cabeza al Coronel. Estoy seguro que la impresión que a la enferma le producirá ese suceso terrorífico, le curará de su delirio.
SAVERIO. – Dios... eso es macabro... ¿ y han averiguado de donde proviene su locura?
PEDRO. – Probablemente... exceso de lecturas... Anemia cerebral.
SAVERIO. – La manteca es buena para el cerebro...
LUISA. – Se trata de otras dolencias, Saverio.
SAVERIO. – La manteca fortalece el sistema nervioso central...
PEDRO. – No dudamos en las virtudes de la manteca, Saverio.
LUISA.- Hágame el favor... apártese de la manteca, Saverio. Nosotros queremos saber si puede prestarnos el servicio, pagándole por supuesto, de desempeñar el papel de Coronel en nuestra farsa.
SAVERIO. (asombrado) – Yo de Coronel... soy antimilitarista! (Piensa...) ¡Yo no sé! Ustedes me ponen en...
LUISA. – Ningún aprieto, Saverio, ninguno. Usted acepta porque tiene buen corazón.
SAVERIO. – En fin...
LUISA. – Actitud digna de un caballero.
PEDRO. – Compraremos el uniforme de Coronel en una ropería teatral.
LUISA. – y la espada... Ah, si me parece ver el espectáculo.
SAVERIO. – Y yo también creo verlo. (Restregándose las manos) ¿ No cree usted que puedo ser un buen actor?
PEDRO. – Sin duda, tiene el físico.
LUISA. - ¿quiere tomar el té con nosotros, Saverio?
SAVERIO (mirando precipitadamente el reloj) – Imposible, gracias. Tengo que entrevistarme ahora mismo con un mayorista.
(Todos acompañan a Saverio a la puerta y salen. Vuelve a entrar Saverio. Es otro lugar. Su pensión. Se saca el saco y lo pone en la silla. Sonríe, le gusta la idea. Mira a su alrededor. Pone una sábana sobre la mesa. Se sube a lo que cree el trono. Extiende el índice perentoriamente, después de tomar la espada.)
¡Fuera, perros, quitaos de mi vista! (Mirando al costado) General, que fusilen a esos detenidos. (Sonríe amablemente) Señor Ministro, creo conviene trasladar esta divergencia a la Liga de las Naciones. (Galantemente, poniéndose de pie) Marquesa, los favores que usted solicita son servicios por los que quedo obligado. (Con voz natural, sentandose) Diablos, esta frase ha salido redonda! (Ahuecando la voz, grave y confidencial.) Eminencia, la impiedad de los tiempos presentes acongoja nuestro corazón de gobernante prudente. ¿No podría el Santo Padre solicitar de los patronos católicos que impusieran un curso de doctrina cristiana a sus obreros? (Apasionado, de pie) Señora, el gobernante es coronel, el coronel hombre, y el hombre la ama a usted. (Otra vez con tono chabacano, sentándose.) ¡Que me ahorquen si no desempeño juiciosamente mi papel de usurpador!
(Golpean la puerta. Saverio sale de su papel y va a abrir)
PEDRO. Buenas tardes, amigo Saverio.
SAVERIO. – Buenas tardes, doctor.
LUISA. -¡Pero que monada está, Saverio! Veo que está ensayando.
PEDRO. (Mira el lío armado por Saverio) - ¿Y esto que es?
SAVERIO. – Les diré... una parodia de trono... para ensayar...
PEDRO (preocupado) – Notable...
LUISA.- ¡Qué ingenio, que maravilla! ¿No te decía yo? Este es el hombre que necesitamos. (con aspavintos) ¿Cómo nos hubieramos arreglado sin usted, Saverio?
PEDRO. – Todo lo ha previsto usted.
SAVERIO. (observando que no hay sillas, sale un momento) – Voy a buscar sillas, permiso...
LUISA. – Está loco este hombre.
PEDRO. – Es un infeliz, pero no le tomemos el pelo ten descaradamente que se va a dar cuenta.
LUISA. – (entra Saverio con sillas) ¿Por qué se molestó, Saverio?
SAVERIO. – No es molestia, señorita.
LUISA. – Muchas gracias, señor Saverio... si no soy indiscreta... ¿le cuesta mucho posesionarse de su papel de coronel?
SAVERIO. – Es solo cuestión de posesionarse, señorita. Nuestra época abunda de tantos ejemplos de hombres que no eran nada y terminaron siéndolo todo, que no me llama la atención vivir hoy dentro de la piel de un coronel.
PEDRO. - ¿ha visto usted que tenía yo razón al solicitarle su ayuda?
LUISA. – Y usted que decía que era antimilitarista....
PEDRO. – Como todo... es cuestión de empezar... y probar.
LUISA. (Batiendo las manos como una niña caprichosa) ¿Por qué no ensaya algo ahora?
SAVERIO. - Es que...
PEDRO. - Conviene, Saverio, seis ojos ven mas que dos!
LUISA. - Sea Buenito, Saverio...
PEDRO. De paso corregimos los defectos. Nunca las escenas improvisadas quedan bien...
SAVERIO (Subiendose al trono). - ¿Cómo sigue la señorita Susana?
PEDRO. - Con ataques menos intensos, pero muy frequentes...
SAVERIO. - ¿Y usted cree que se curara?
PEDRO. - Yo pongo enormes esperanzas en la reacción que puede provocar esta farsa.
SAVERIO. - Y si no se cura, no se aflijan ustedes. Puede que se avenga a partir el trono con el Coronel. Usted sabe que las necesidades políticas determinan casamientos considerados a prima facie irrealizables.
LUISA. Saverio, calle usted... piense que es mi hermana!
PEDRO. - Sirvase la espada, Saverio.
SAVERIO. - ¿Hace falta?
PEDRO. - Claro, Saverio, esta en caracter.
(Saverio apoya la espada en la mesa y se queda de pie con aspecto de fantoche serio)
SAVERIO. - ¿estoy bien así?
LUISA. (mordiendo un pañuelo). Muy bien, a lo prócer!
PEDRO. -Separe un poco la espada del cuerpo. Es mas gallardo.
SAVERIO. - ¿Así?
LUISA. - A mi me parece que está muy bien!
SAVERIO. - (enderezándose pero sin exageración) Bueno, yo me imagino que estoy aqui en el trono rechazando a enemigos políticos y exclamo (Grita débilmente): "Fuera perros"
LUISA. - (destornillandose de la risa) No se oye nada, Saverio, más fuerte!
PEDRO. - Si, con mas violencia.
SAVERIO. (esgrimiendo enérgicamente el sable. Gritando. ) Fuera, perros!
PEDRO. - (Sorprendido) Escuchándole, quién se imaginaría que usted es un simple vendedor de manteca.
LUISA. - Mire si Susana, después de curarse, se enamora de usted.
SAVERIO. Ahora es una conversación que yo mantengo durante el baile con una dama esquiva. Le digo: "Marquesa, el gobernante es corenel, el coronel es hombre, y el hombre la ama a usted".
LUISA. - Divino, Saverio, Divino.
PEDRO. - Ha estado usted tan fino como el mas delicado de los hombre.
LUISA. ¡Oh! Cuántos hombres deberían parecerse a usted.
SAVERIO (bajandose del trono) ¿Están satisfechos?
PEDRO. - Mucho!
LUISA. - Superó todas nuestras espectativas!
SAVERIO. - Y miren esto. (Saverio destapa la guillotina)
PEDRO. - ¿Pero, para qué una guillotina?
SAVERIO. - ¡Y cómo quieren que gobierne sin cortar cabezas?
PEDRO. - Pero no es necesario llegar a esos extremos.
SAVERIO. - (riéndose) Doctor, uested es de esos ingenuos que aún creen en las ficcones democráticas parlamentarias.
LUISA. - (Tirando del brazo a Perdo) Vamos, Pedro, se nos hace tarde.
PEDRO. - No sé que contestarle. Otro día conversaremos.
SAVERIO. - Quédense... les voy a enseñar como funciona... Se tira de la soguita...
PEDRO. Otro día, Saverio, otro día... (Los visitantes se retiran hacia la puerta)
SAVERIO. - Podermos montar las guillotinas en camiones y prestar servicio a domicilio...
LUISA. (Habriendo la puerta) Hasta la vista Saverio. (Los visitantes salen)
SAVERIO. – (Aún sin salir de su papel, corriendo detrás de ellos.) Dejan sus guantes...
(Salen todos.)
(Escena ultima.)
(Entran todos, menos Saverio)
SUSANA. – Alegres invitados, ¿cómo me encuentran?
TODOS. – Bien, bien...
PEDRO. (Parodiando) Distinguida concurrencia. Tengo el gusto de presentarles a la inventora de la tragedia y de la más descomunal tomadura de pelo que se tiene conocimiento en Buenos Aires. ¡Que hable Susana!
SUSANA. (Subiendo al estrado) No conviene que el autor hable de su obra antes que el desenlace horripile a la concurrencia. Lo único que les digo es que el final les divertirá bárbaramente. (Aplausos)
PEDRO. – Ahí viene el señor Saverio... (va a la puerta, Susana sale de escena.)
LUISA. – A portarse decentemente.
(Entra Saverio súbitamente al salón. Camina marcialmente. No saluda a nadie. Su continente impone respeto.)
SAVERIO. – Señores, la farsa puede comenzar cuando ustedes quieran. (A Pedro) Ordene que la orquesta toque. (Se dirige al trono. Pedro sale)
(Entra Pedro. Se dirige a Saverio.)
PEDRO. – Majestad, la Reina Bragatiana quiere verlo.
SAVERIO (Siempre sentado) – Que pase.
SUSANA. (Majestuosamente avanza entre las filas) ¿Los señores condes se divierten?
(Saverio no abandona su posición fría y meditativa) Su reina fugitiva padeciendo en tierras de ignorada geografía! ¡Ellos bailando! (Lentamente) ¿Qué veo aquí? ¡No hay fieras de piel manchada, pero sí corazones de acero! (El coronel permanece pensativo, no vuelve la cabeza para mirarla) Obsérvenle ustedes. No me mira. No me escucha. (Bruscamente rabiosa.) ¡Coronel ballaco, mírame en la cara!
SAVERIO. – (A la concurrencia) Lástima que los señores duques no tengan una Reina mejor educada.
SUSANA (irónica) Miserable! ¿Pensabas tu en la buena crianza cuando me arrebataste el trono? (Patética) Destuiste el paraíso de una virginal doncella. Donde ayer florecían rosas, hoy rechina hierro homicida. ¡Contésteme!
SAVERIO. – (Se pone de pie.) ¿Está usted haciendo literatura, su majestad? Le daré la clave de mi silencio. El otro día vino a verme su verdadera hermana, Julia. Me informó de la burla que usted había organizado con sus amigos. Comprenderá entonces que no puedo tomar en serio lo que usted está diciendo.
(Al escuchar esto, todos retroceden como si recibieran una bofetada. SAVERIO se sienta impasible.)
SUSANA. – (dirigiendose a los invitados.) – Les ruego que me dejen a solas. Tengo que pedirle perdón a este hombre. (Se retiran los invitados. Sólo quedan Saverio y Susana)
SUSANA. - Es terrible la jugada que me ha hecho, Saverio, pero está bien. (Se sienta al pie del trono, pensativa. Lo mira.) Se está bien en el trono, ¿eh, coronel? Es agradable ver la tierra girando a sus pies.
SAVERIO. (Poniéndose de pie) – Me marcho.
SUSANA. – (Levantándose rápidamente.) Quédese aquí conmigo, Coronel.
SAVERIO. – (Se vuelve) ¿Por qué se obstina en proseguir la farsa?
SUSANA. (Sincerándose, lo toma de la mano) – Me agrada tenerlo aquí sólo, conmigo. (Riéndose) ¿Así que se hizo fabricar una guillotina y todo? Eso sí que está bueno. ¡Usted está ten loco como yo! (Saverio se deshace de la mano y se sienta pensativo.)
SUSANA. - ¿Por qué no me escucha? ¿Quiere que me arrodille ante usted? (Se arrodilla) La princesa loca se arrodilla ante el desdichado hombre pálido. (Saverio no la mira. Ella se para.) ¿No me escucha Coronel? (Lo mira enamorada.) Soy su novia espléndida que tu corazón esperaba. Mírame amado. (Se abalanza sobre él)
SAVERIO. – Mire que puede entrar gente.
SUSANA.- ¿Acaso te desagrada que esté cerca de ti?
SAVAERIO. – Parece que se estaría burlando.
SUSANA. - ¿Burlarme de mi Dios? ¿Qué herejía es esa, Saverio? (Lo toma del brazo)
SAVERIO (violento) - ¿Qué farsa es la tuya? (Le retira violentamente el brazo)
SUSANA. - ¿ Por que me maltratas así querido?
SAVERIO. –Disculpe. Su mirada es terrible.
SUSANA. – Déjame apoyarme en ti. (Lo abraza nuevamente)
SAVERIO. – Hay un odio espantoso en su mirada. (Trata de desasirse).
SUSANA. – No tengas miedo, querido. Estás impresionado.
SAVERIO. (Desconcertado) ¿qué le pasa? Está blanca como muerta.
SUSANA (Melosa) ¿Tienes miedo, querido?
SAVERIO (Saltando del trono) ¿ Qué oculta en esa mano?
SUSANA (Súbitamente rígida, de pie al estrado.) – Miserable.
SAVERIO. - ¡Susana! (Súbitamente comprende y grita espantado.) Esta mujer está loca de verdad... Luisa, Pedro!!! (Susana extiende el brazo con el revolver.) ¡No¡ ¡Susana!
SUSANA. – Ha sido inútil, Coronel, que te disfrazaras de vendedor de manteca. (Suenan dos disparos... Susana cae de rodillas y se agarra la cabeza, mientras Saverio cae muerto.)
FIN
Versión 29 Mayo 2000
SAVERIO, EL CRUEL.
ROBERTO ARLT
PERSONAJES
SAVERIO: GERMAN
SUSANA: DAIANA
LUISA: JULI
PEDRO: EDGARDO
(De la Escena I)
Susana, Pedro y Julia
SUSANA (separándose bruscamente del grupo y deteniéndose junto a la puerta izq.) – Entonces yo me detengo aquí y digo: ¿De dónde ha sacado Usted que yo soy Susana?
PEDRO – Si, ya sé, ya sé...
SUSANA (Volviendo a la rueda) – Ya debería estar aquí.
PEDRO (Mirando su reloj) – Las cinco.
LUISA (mirando su reloj) – Tu reloj adelanta siete minutos... (A Susana). - ¡Bonita farsa la tuya!
SUSANA (de pié, irónicamente). Este año no dirán en la estancia que se aburren. La fiesta tiene todas las proporciones de un espectáculo.
PEDRO – Si es un hombre inteligente, festejará del ingenio de Susana.
(Susana se retira... por la izq.)
(...)
(de la escena III)
PEDRO (Mirando a Susana retirarse, sin poder explicarse por que se retira) – Esto si que está bueno, nos planta en lo mejor! Quizás no le falte razón. ¿ Qué hacemos si al mantequero le da por tomar las cosas a lo trágico?
LUISA (despeinando a Pedro) – No digas pavadas. Ese hombre es un infeliz. Verás. Nos divertiremos inmensamente.
PEDRO (asomándose a la ventana) – Ahí está el mantequero.
LUISA – ¿Le aviso a Susana?
PEDRO (dándose vuelta hacia ella) - No!
(De la escena VI)
LUISA (Yendo hacia la puerta). – Buenas tardes. Permítame, Saverio. (Le toma el sombrero y lo cuelga en la percha) Soy hermana de Susana...
SAVERIO (Moviendo tímidamente la cabeza). – Tanto gusto. ¿La señorita Susana?
LUISA. – Pase usted. Susana no podrá atenderlo.... (Señalándolo a Pedro) Le presento al doctor Pedro.
PEDRO (Estrechándole la mano) Encantado.
SAVERIO. – Tanto gusto. La señorita Susana me habló de unas licitaciones de manteca...
PEDRO. – Sí, el otro día me informó... Usted deseaba colocar partidas de manteca en sanatorios....
SAVERIO (ansioso). - ¿Habría posibilidades?
LUISA. – Lástima grande, Saverio. Usted llega en tan mal momento...
SAVERIO (sin entender). – Señorita, nuestra manteca no admite competencia. Puedo disponer de grandes partidas y sin que estén adulteradas con margarina...
LUISA. – Es que...
SAVERIO (interrumpiendo). – Posiblemente no le dé importancia usted a la margarina, pero detenga su atención en esta particularidad: los estómagos delicados no pueden asimilar la margarina; produce acidez, fermentos gástricos...
LUISA. – ¿Por qué no habrá llegado usted en otro momento? Estamos frente e una terrible desgracia de familia, Saverio.
SAVERIO. – Si no es indiscreción...
LUISA. – No, Saverio. No. Mi hermanita Susana...
SAVERIO. -¿Le ocurre algo?
PEDRO. – Ha enloquecido.
SAVERIO. (Respirando). - ¡Ha enloquecido! Pero, no es posible. El otro día cuando vine a traerle un kilo de manteca parecía lo mas cuerda...
LUISA. – Pues ya ve cómo las desdichas caen sobre uno de un momento para otro...
SAVERIO. – Es increíble...
PEDRO. – ¿Increíble? Pues, mírela, allí está espiando hacia el jardín.
(Por la puerta asoma la espalda Susana, mirando hacia el jardín. De espaldas al espectador)
PEDRO. – Quiero observarla. Hagan el favor, escondámonos aquí.
PEDRO, LUISA y SAVERIO se ocultan. SUSANA se vuelve. SUSANA se muestra en el fondo de la escena con el cabello sobre la espalda, vestida de ropas masculinas. Avanza por la escena mirando temerosamente, moviendo las manos como si apartase lianas y ramazones.
SUSANA (melancólicamente). Árboles barbudos... y silencio... (Inclinándose hacia el suelo) Ninguna huella de ser humano. (Con voz vibrante y levantando las manos hacia el cielo) ¿¡oh, Dioses! ¿ Por qué habéis abandonado a esta tierna doncella? Oh! Sombras infernales, ¿por qué me perseguís?
Siempre el siniestro tambor de la soldadesca. Ellos allá, y yo aquí. (Agarrándose la cabeza). Todos los seres de la creación gozan un instante de reposo. Pueden apoyar su cabeza en el pecho deseado. Todos menos yo, fugitiva de la injusticia del Coronel desaforado. (se deja caer al piso) O terrores, terrores desconocidos, incomunables! ¿quién se apiada de la proscripta desconocida? ( se pone de pie) ¿ que hacer? No hay cueva que no registren los soldados del Coronel? (tomándose dolorida la cabeza) ¡cuando acabará mi martirio!
PEDRO. – (Saliendo del escondite, le pone una mano en el hombre) Tranquilízate, Susana.
SUSANA (con sobresalto violento)- Yo no soy Susana. ¿Quién es usted?
PEDRO. – Tranquilícese. (señalando las sillas) sentémonos en los troncos.
SUSANA.- ¿quién es usted? ¿ por qué no me contesta?
PEDRO – (vacilante, como quién no recuerda la letra) Perdón.... recién me doy cuenta que usted es una mujer vestida de hombre.
SUSANA – Y entonces, ¿por qué me llamó Susana?
PEDRO.- ¿Yo la llame Susana? No puede ser. Ha escuchado mal. Jamás pude haberla llamado Susana.
SUSANA (sarcástica) - ¿ Trabaja al servicio del Coronel? ¡eh!...
PEDRO (fingiendo asombro) - ¿El Coronel? ¿Quién es el Coronel?
(...)
SUSANA. – Soy la reina Bargatiana.
PEDRO. - ¿La Reina? ¿Vestida de hombre? ¿ Y en el bosque?
SUSANA. - ¿Ha caído un rayo?
PEDRO. – Mi suerte es descomunal.
SUSANA. – ¿Comprendes ahora la inmensidad de mi desgracia?
PEDRO (arrodillándose) Majestad... la miro y creo y no creo...
SUSANA. – Me has llamado Majestad... ¡Cuánto hace que esas palabras no suenan en mis oídos!
PEDRO. – Majestad, permítame que le bese las manos...
SUSANA. – (violenta) Esta revolución no es obra del pueblo, sino confabulación de mercaderes! Para salvar la vida tuve que disfrazarme de criada y huir por un subterráneo. Me protegió esta estampita de la Virgen. (La saca del pecho y la besa. Cambiando de tono) ¿Te atreverías tu?
PEDRO. - ¿ A qué Majestad?
SUSANA. – A cortarle la cabeza al Coronel.
PEDRO. - ¿ Al Coronel, si el no me ha hecho nada?
SUSANA. (sin oír lo que le dicen) Los soldados me buscan. Escapemos!!
PEDRO. – A mi cabaña, Majestad. Corra a mi cabaña! Allí no la podrán encontrar. (guía a Susana hasta la salida.)
(...)
LUISA. (saliendo con Saverio) ¡Me parte el corazón escucharla! ¡que talento extraviado! Y tan ciertamente se cree en el bosque.
(Se sientan a la mesa)
SAVERIO. – ¿Y tendrá remedio esta locura, doctor?
PEDRO – Es aventurado anticipar afirmaciones. Yo tengo un proyecto. A veces da resultado. Consiste en rodear a Susana del reino que ella cree perdido.
SAVERIO. – Eso es imposible.
PEDRO. –En breves términos: la obsesión de Susana circula permanentemente en torno de una cabeza cortada. La cabeza cortada es el leivmotiv de sus disquisiciones. Pues bien, nosotros hemos pensado en organizar una comedia con habilidad tal, que Susana asistirá a la escena en donde se le corta la cabeza al Coronel. Estoy seguro que la impresión que a la enferma le producirá ese suceso terrorífico, le curará de su delirio.
SAVERIO. – Dios... eso es macabro... ¿ y han averiguado de donde proviene su locura?
PEDRO. – Probablemente... exceso de lecturas... Anemia cerebral.
SAVERIO. – La manteca es buena para el cerebro...
LUISA. – Se trata de otras dolencias, Saverio.
SAVERIO. – La manteca fortalece el sistema nervioso central...
PEDRO. – No dudamos en las virtudes de la manteca, Saverio.
LUISA.- Hágame el favor... apártese de la manteca, Saverio. Nosotros queremos saber si puede prestarnos el servicio, pagándole por supuesto, de desempeñar el papel de Coronel en nuestra farsa.
SAVERIO. (asombrado) – Yo de Coronel... soy antimilitarista! (Piensa...) ¡Yo no sé! Ustedes me ponen en...
LUISA. – Ningún aprieto, Saverio, ninguno. Usted acepta porque tiene buen corazón.
SAVERIO. – En fin...
LUISA. – Actitud digna de un caballero.
PEDRO. – Compraremos el uniforme de Coronel en una ropería teatral.
LUISA. – y la espada... Ah, si me parece ver el espectáculo.
SAVERIO. – Y yo también creo verlo. (Restregándose las manos) ¿ No cree usted que puedo ser un buen actor?
PEDRO. – Sin duda, tiene el físico.
LUISA. - ¿quiere tomar el té con nosotros, Saverio?
SAVERIO (mirando precipitadamente el reloj) – Imposible, gracias. Tengo que entrevistarme ahora mismo con un mayorista.
(Todos acompañan a Saverio a la puerta y salen. Vuelve a entrar Saverio. Es otro lugar. Su pensión. Se saca el saco y lo pone en la silla. Sonríe, le gusta la idea. Mira a su alrededor. Pone una sábana sobre la mesa. Se sube a lo que cree el trono. Extiende el índice perentoriamente, después de tomar la espada.)
¡Fuera, perros, quitaos de mi vista! (Mirando al costado) General, que fusilen a esos detenidos. (Sonríe amablemente) Señor Ministro, creo conviene trasladar esta divergencia a la Liga de las Naciones. (Galantemente, poniéndose de pie) Marquesa, los favores que usted solicita son servicios por los que quedo obligado. (Con voz natural, sentandose) Diablos, esta frase ha salido redonda! (Ahuecando la voz, grave y confidencial.) Eminencia, la impiedad de los tiempos presentes acongoja nuestro corazón de gobernante prudente. ¿No podría el Santo Padre solicitar de los patronos católicos que impusieran un curso de doctrina cristiana a sus obreros? (Apasionado, de pie) Señora, el gobernante es coronel, el coronel hombre, y el hombre la ama a usted. (Otra vez con tono chabacano, sentándose.) ¡Que me ahorquen si no desempeño juiciosamente mi papel de usurpador!
(Golpean la puerta. Saverio sale de su papel y va a abrir)
PEDRO. Buenas tardes, amigo Saverio.
SAVERIO. – Buenas tardes, doctor.
LUISA. -¡Pero que monada está, Saverio! Veo que está ensayando.
PEDRO. (Mira el lío armado por Saverio) - ¿Y esto que es?
SAVERIO. – Les diré... una parodia de trono... para ensayar...
PEDRO (preocupado) – Notable...
LUISA.- ¡Qué ingenio, que maravilla! ¿No te decía yo? Este es el hombre que necesitamos. (con aspavintos) ¿Cómo nos hubieramos arreglado sin usted, Saverio?
PEDRO. – Todo lo ha previsto usted.
SAVERIO. (observando que no hay sillas, sale un momento) – Voy a buscar sillas, permiso...
LUISA. – Está loco este hombre.
PEDRO. – Es un infeliz, pero no le tomemos el pelo ten descaradamente que se va a dar cuenta.
LUISA. – (entra Saverio con sillas) ¿Por qué se molestó, Saverio?
SAVERIO. – No es molestia, señorita.
LUISA. – Muchas gracias, señor Saverio... si no soy indiscreta... ¿le cuesta mucho posesionarse de su papel de coronel?
SAVERIO. – Es solo cuestión de posesionarse, señorita. Nuestra época abunda de tantos ejemplos de hombres que no eran nada y terminaron siéndolo todo, que no me llama la atención vivir hoy dentro de la piel de un coronel.
PEDRO. - ¿ha visto usted que tenía yo razón al solicitarle su ayuda?
LUISA. – Y usted que decía que era antimilitarista....
PEDRO. – Como todo... es cuestión de empezar... y probar.
LUISA. (Batiendo las manos como una niña caprichosa) ¿Por qué no ensaya algo ahora?
SAVERIO. - Es que...
PEDRO. - Conviene, Saverio, seis ojos ven mas que dos!
LUISA. - Sea Buenito, Saverio...
PEDRO. De paso corregimos los defectos. Nunca las escenas improvisadas quedan bien...
SAVERIO (Subiendose al trono). - ¿Cómo sigue la señorita Susana?
PEDRO. - Con ataques menos intensos, pero muy frequentes...
SAVERIO. - ¿Y usted cree que se curara?
PEDRO. - Yo pongo enormes esperanzas en la reacción que puede provocar esta farsa.
SAVERIO. - Y si no se cura, no se aflijan ustedes. Puede que se avenga a partir el trono con el Coronel. Usted sabe que las necesidades políticas determinan casamientos considerados a prima facie irrealizables.
LUISA. Saverio, calle usted... piense que es mi hermana!
PEDRO. - Sirvase la espada, Saverio.
SAVERIO. - ¿Hace falta?
PEDRO. - Claro, Saverio, esta en caracter.
(Saverio apoya la espada en la mesa y se queda de pie con aspecto de fantoche serio)
SAVERIO. - ¿estoy bien así?
LUISA. (mordiendo un pañuelo). Muy bien, a lo prócer!
PEDRO. -Separe un poco la espada del cuerpo. Es mas gallardo.
SAVERIO. - ¿Así?
LUISA. - A mi me parece que está muy bien!
SAVERIO. - (enderezándose pero sin exageración) Bueno, yo me imagino que estoy aqui en el trono rechazando a enemigos políticos y exclamo (Grita débilmente): "Fuera perros"
LUISA. - (destornillandose de la risa) No se oye nada, Saverio, más fuerte!
PEDRO. - Si, con mas violencia.
SAVERIO. (esgrimiendo enérgicamente el sable. Gritando. ) Fuera, perros!
PEDRO. - (Sorprendido) Escuchándole, quién se imaginaría que usted es un simple vendedor de manteca.
LUISA. - Mire si Susana, después de curarse, se enamora de usted.
SAVERIO. Ahora es una conversación que yo mantengo durante el baile con una dama esquiva. Le digo: "Marquesa, el gobernante es corenel, el coronel es hombre, y el hombre la ama a usted".
LUISA. - Divino, Saverio, Divino.
PEDRO. - Ha estado usted tan fino como el mas delicado de los hombre.
LUISA. ¡Oh! Cuántos hombres deberían parecerse a usted.
SAVERIO (bajandose del trono) ¿Están satisfechos?
PEDRO. - Mucho!
LUISA. - Superó todas nuestras espectativas!
SAVERIO. - Y miren esto. (Saverio destapa la guillotina)
PEDRO. - ¿Pero, para qué una guillotina?
SAVERIO. - ¡Y cómo quieren que gobierne sin cortar cabezas?
PEDRO. - Pero no es necesario llegar a esos extremos.
SAVERIO. - (riéndose) Doctor, uested es de esos ingenuos que aún creen en las ficcones democráticas parlamentarias.
LUISA. - (Tirando del brazo a Perdo) Vamos, Pedro, se nos hace tarde.
PEDRO. - No sé que contestarle. Otro día conversaremos.
SAVERIO. - Quédense... les voy a enseñar como funciona... Se tira de la soguita...
PEDRO. Otro día, Saverio, otro día... (Los visitantes se retiran hacia la puerta)
SAVERIO. - Podermos montar las guillotinas en camiones y prestar servicio a domicilio...
LUISA. (Habriendo la puerta) Hasta la vista Saverio. (Los visitantes salen)
SAVERIO. – (Aún sin salir de su papel, corriendo detrás de ellos.) Dejan sus guantes...
(Salen todos.)
(Escena ultima.)
(Entran todos, menos Saverio)
SUSANA. – Alegres invitados, ¿cómo me encuentran?
TODOS. – Bien, bien...
PEDRO. (Parodiando) Distinguida concurrencia. Tengo el gusto de presentarles a la inventora de la tragedia y de la más descomunal tomadura de pelo que se tiene conocimiento en Buenos Aires. ¡Que hable Susana!
SUSANA. (Subiendo al estrado) No conviene que el autor hable de su obra antes que el desenlace horripile a la concurrencia. Lo único que les digo es que el final les divertirá bárbaramente. (Aplausos)
PEDRO. – Ahí viene el señor Saverio... (va a la puerta, Susana sale de escena.)
LUISA. – A portarse decentemente.
(Entra Saverio súbitamente al salón. Camina marcialmente. No saluda a nadie. Su continente impone respeto.)
SAVERIO. – Señores, la farsa puede comenzar cuando ustedes quieran. (A Pedro) Ordene que la orquesta toque. (Se dirige al trono. Pedro sale)
(Entra Pedro. Se dirige a Saverio.)
PEDRO. – Majestad, la Reina Bragatiana quiere verlo.
SAVERIO (Siempre sentado) – Que pase.
SUSANA. (Majestuosamente avanza entre las filas) ¿Los señores condes se divierten?
(Saverio no abandona su posición fría y meditativa) Su reina fugitiva padeciendo en tierras de ignorada geografía! ¡Ellos bailando! (Lentamente) ¿Qué veo aquí? ¡No hay fieras de piel manchada, pero sí corazones de acero! (El coronel permanece pensativo, no vuelve la cabeza para mirarla) Obsérvenle ustedes. No me mira. No me escucha. (Bruscamente rabiosa.) ¡Coronel ballaco, mírame en la cara!
SAVERIO. – (A la concurrencia) Lástima que los señores duques no tengan una Reina mejor educada.
SUSANA (irónica) Miserable! ¿Pensabas tu en la buena crianza cuando me arrebataste el trono? (Patética) Destuiste el paraíso de una virginal doncella. Donde ayer florecían rosas, hoy rechina hierro homicida. ¡Contésteme!
SAVERIO. – (Se pone de pie.) ¿Está usted haciendo literatura, su majestad? Le daré la clave de mi silencio. El otro día vino a verme su verdadera hermana, Julia. Me informó de la burla que usted había organizado con sus amigos. Comprenderá entonces que no puedo tomar en serio lo que usted está diciendo.
(Al escuchar esto, todos retroceden como si recibieran una bofetada. SAVERIO se sienta impasible.)
SUSANA. – (dirigiendose a los invitados.) – Les ruego que me dejen a solas. Tengo que pedirle perdón a este hombre. (Se retiran los invitados. Sólo quedan Saverio y Susana)
SUSANA. - Es terrible la jugada que me ha hecho, Saverio, pero está bien. (Se sienta al pie del trono, pensativa. Lo mira.) Se está bien en el trono, ¿eh, coronel? Es agradable ver la tierra girando a sus pies.
SAVERIO. (Poniéndose de pie) – Me marcho.
SUSANA. – (Levantándose rápidamente.) Quédese aquí conmigo, Coronel.
SAVERIO. – (Se vuelve) ¿Por qué se obstina en proseguir la farsa?
SUSANA. (Sincerándose, lo toma de la mano) – Me agrada tenerlo aquí sólo, conmigo. (Riéndose) ¿Así que se hizo fabricar una guillotina y todo? Eso sí que está bueno. ¡Usted está ten loco como yo! (Saverio se deshace de la mano y se sienta pensativo.)
SUSANA. - ¿Por qué no me escucha? ¿Quiere que me arrodille ante usted? (Se arrodilla) La princesa loca se arrodilla ante el desdichado hombre pálido. (Saverio no la mira. Ella se para.) ¿No me escucha Coronel? (Lo mira enamorada.) Soy su novia espléndida que tu corazón esperaba. Mírame amado. (Se abalanza sobre él)
SAVERIO. – Mire que puede entrar gente.
SUSANA.- ¿Acaso te desagrada que esté cerca de ti?
SAVAERIO. – Parece que se estaría burlando.
SUSANA. - ¿Burlarme de mi Dios? ¿Qué herejía es esa, Saverio? (Lo toma del brazo)
SAVERIO (violento) - ¿Qué farsa es la tuya? (Le retira violentamente el brazo)
SUSANA. - ¿ Por que me maltratas así querido?
SAVERIO. –Disculpe. Su mirada es terrible.
SUSANA. – Déjame apoyarme en ti. (Lo abraza nuevamente)
SAVERIO. – Hay un odio espantoso en su mirada. (Trata de desasirse).
SUSANA. – No tengas miedo, querido. Estás impresionado.
SAVERIO. (Desconcertado) ¿qué le pasa? Está blanca como muerta.
SUSANA (Melosa) ¿Tienes miedo, querido?
SAVERIO (Saltando del trono) ¿ Qué oculta en esa mano?
SUSANA (Súbitamente rígida, de pie al estrado.) – Miserable.
SAVERIO. - ¡Susana! (Súbitamente comprende y grita espantado.) Esta mujer está loca de verdad... Luisa, Pedro!!! (Susana extiende el brazo con el revolver.) ¡No¡ ¡Susana!
SUSANA. – Ha sido inútil, Coronel, que te disfrazaras de vendedor de manteca. (Suenan dos disparos... Susana cae de rodillas y se agarra la cabeza, mientras Saverio cae muerto.)
FIN
Versión 29 Mayo 2000
viernes, 4 de febrero de 2011
Santa Cruz
Este es el segundo intento del concurso por email. Todavía las respuestas eran cortas. Nadie se animaba a dar rienda suelta a su imaginación...
Enviado el: Miércoles 19 de Enero de 2000 08:39 a.m.
Horacio Cavallari wrote:
Eran las tres y media de la madrugada de un dia de enero años atras en una sencilla casa al noreste de la provincia de Santa Cruz, cuando por algun motivo inexplicable Mauricio Acha no podia dormir.
Molesto y un poco sudado salio de su humilde casa a tomar aire fresco y mirar el cielo estrellado. Cuando por fin se sintio aliviado, notó algo extraño a lo lejos cerca del ombú proximo a la laguna. Una sombra extraña cuyos movimientos no parecian a los de algun animal de la zona estaba alli. Mauricio, ya preocupado y un poco temeroso tomo un trozo de palo y se fue acercando sigilosamente. Un olor extraño en el aire se apreciaba ya a unos pocos metros. Con sus pulsaciones al maximo y su ritmo cardiaco al extremo se decidio a descubrir lo que realmente se encontraba detras del viejo ombú. Su cuerpo empezo a sentir escalofrios a la vez que transpiraba cuando vio que detras del arbol un pequeño ser sin ropa , sin pelo y con cabeza oval y grande lo señala y le dice:...
Mariela Romina Taborda:
....y le dice: " éste es el final..." y lentamente cerró sus ojos....
Pablo Dana:
Le dice: TOMAMOS UN CAFÉ..?
Concurso iniciado por Germán Lentner en enero de 2000. Ver
Enviado el: Miércoles 19 de Enero de 2000 08:39 a.m.
Horacio Cavallari wrote:
Eran las tres y media de la madrugada de un dia de enero años atras en una sencilla casa al noreste de la provincia de Santa Cruz, cuando por algun motivo inexplicable Mauricio Acha no podia dormir.
Molesto y un poco sudado salio de su humilde casa a tomar aire fresco y mirar el cielo estrellado. Cuando por fin se sintio aliviado, notó algo extraño a lo lejos cerca del ombú proximo a la laguna. Una sombra extraña cuyos movimientos no parecian a los de algun animal de la zona estaba alli. Mauricio, ya preocupado y un poco temeroso tomo un trozo de palo y se fue acercando sigilosamente. Un olor extraño en el aire se apreciaba ya a unos pocos metros. Con sus pulsaciones al maximo y su ritmo cardiaco al extremo se decidio a descubrir lo que realmente se encontraba detras del viejo ombú. Su cuerpo empezo a sentir escalofrios a la vez que transpiraba cuando vio que detras del arbol un pequeño ser sin ropa , sin pelo y con cabeza oval y grande lo señala y le dice:...
Mariela Romina Taborda:
....y le dice: " éste es el final..." y lentamente cerró sus ojos....
Pablo Dana:
Le dice: TOMAMOS UN CAFÉ..?
Concurso iniciado por Germán Lentner en enero de 2000. Ver
Concurso por email...
Este fue uno de los primeros que envío Germán, dando puntapié al concurso. No tengo todas las respuestas. Se ve que algún que otro email se perdió en estos años.
Ahí va...
Enviado el: Martes 18 de Enero de 2000 02:55 p.m.
German Lerntner wrote:
Esta vez le tocaba a él. Tomo una profunda cantidad de aire y se lanzó a ganarle a su desdicha. Trataría de todas formas de ganarse el corazón, o aunque sea la ilusión de aquella mujer. Ella era morocha, de escasa estatura y de pechos prominentes. El era calvo, casi cano por completo a pesar de su no tan longeva edad. Tenía unos treinta y pico.
Después de vueltas y mas vueltas, se animó a entablar una sencilla pero efectiva conversación: ¡ Hola, que tal !? Anda sola ?? Cuando entrando en una asombro duradero, comprobó que aquella señorita, a la cual el estaba halagando con su simpatía, de pronto e inesperadamente gritó a viva voz cinco míseras palabras. Palabras que llegaron a ponerlo de punta los pelos. La señorita dijo:...
Horacio Cavallari:
Dijo: LO ESTABA ESPERANDO, SOY LUCIFER!!
Obviamente que Horacio no fue quien ganó esta primera compulsa...
Ahí va...
Enviado el: Martes 18 de Enero de 2000 02:55 p.m.
German Lerntner wrote:
Esta vez le tocaba a él. Tomo una profunda cantidad de aire y se lanzó a ganarle a su desdicha. Trataría de todas formas de ganarse el corazón, o aunque sea la ilusión de aquella mujer. Ella era morocha, de escasa estatura y de pechos prominentes. El era calvo, casi cano por completo a pesar de su no tan longeva edad. Tenía unos treinta y pico.
Después de vueltas y mas vueltas, se animó a entablar una sencilla pero efectiva conversación: ¡ Hola, que tal !? Anda sola ?? Cuando entrando en una asombro duradero, comprobó que aquella señorita, a la cual el estaba halagando con su simpatía, de pronto e inesperadamente gritó a viva voz cinco míseras palabras. Palabras que llegaron a ponerlo de punta los pelos. La señorita dijo:...
Horacio Cavallari:
Dijo: LO ESTABA ESPERANDO, SOY LUCIFER!!
Obviamente que Horacio no fue quien ganó esta primera compulsa...
miércoles, 2 de febrero de 2011
Emails encontrados...
A principios del año 2000, recibí este email de German... Era muy loco lo que escribía. Nos copiaba a un grupo de (sus) amigos y nada mas. No decía: "Ahí va un cuento...", nada... Y este cuento empezó un concurso entre todos nosotros (muchos de los cuales no nos conocíamos) de compartir todos las semanas un cuento abierto (sin final). Cada uno de los copiados en este grupo tenía que pensar un final, copiarlo al autor, quien a su vez daba el veredicto.
Con el tiempo perdí los emails... (ni sabía que los tenía aún en la máquina de la empresa)
El viernes pasado, por algún motivo extraño, mi Windows Live Mail colapsó y me borró todos los emails. (si, todos!) y después empezó a "recuperar" archivos. No se de donde? Tal vez del pasado??
La cosa es que ahora tengo todos los emails desde 1998 hasta 2011. No se si estaban aún acá (juro que cambiamos varias veces la máquina, así que alguien se encargó entonces de ir pasando estos emails)
En una carpeta "personal" estaban estos emails, que hoy desempolvo y rescato del olvido.
(Mas que nada, porque son verdaderas "palabras perdidas, palabras encontradas"!)
Sent: Monday, January 17, 2000 2:29 PM
"Para el verdadero asombro de las personas, existe en los suburbios del Gran Buenos Aires una persona que pasaría desapercibida en cualquier hospital de enfermos mentales. Sí, así les cuento. Paquito, de sobrenombre graciozón, se dedicaba a juntar desperdicios por la calle. Dicha profesión, comúnmente
llamada basurero, le trajo muchas alegrías. Su grupo de compañeros de trabajo, eran unos muchachotes divertidos. Fuertes y fornidos, aunque algo morochones, se pasaban la noche jugando a ver quien arrojaba mas lejos la bolsa mas pesada. Hasta que una noche oscura y fría, Paco agarró una bolsa y en una descuido se le abrió. Al instante salió de su interior unos documentos. Paco, intrigado comenzó a leerlos con la poca instrucción que había adquirido en sus tiempos mozos. Y descubrió que era un testamento.
Todo estaría bajo las órbitas de lo normal si no fuera por la razón de que dicho testamento había sido escrito por el mismo. Paco enloqueció al instante. Fue internado junto a su viejo gato, Arado, en
un neurosiquiátrico del interior.
escrito por Germán Lentner"
Ya no veo a esta gente, ni sé que fue de sus vidas (a muchos ni los conocí) pero el intercambio que se produjo por unos meses, semanas, días (no recuerdo) fue muy interesante. Eran los comienzos de internet!
Con el tiempo perdí los emails... (ni sabía que los tenía aún en la máquina de la empresa)
El viernes pasado, por algún motivo extraño, mi Windows Live Mail colapsó y me borró todos los emails. (si, todos!) y después empezó a "recuperar" archivos. No se de donde? Tal vez del pasado??
La cosa es que ahora tengo todos los emails desde 1998 hasta 2011. No se si estaban aún acá (juro que cambiamos varias veces la máquina, así que alguien se encargó entonces de ir pasando estos emails)
En una carpeta "personal" estaban estos emails, que hoy desempolvo y rescato del olvido.
(Mas que nada, porque son verdaderas "palabras perdidas, palabras encontradas"!)
Sent: Monday, January 17, 2000 2:29 PM
"Para el verdadero asombro de las personas, existe en los suburbios del Gran Buenos Aires una persona que pasaría desapercibida en cualquier hospital de enfermos mentales. Sí, así les cuento. Paquito, de sobrenombre graciozón, se dedicaba a juntar desperdicios por la calle. Dicha profesión, comúnmente
llamada basurero, le trajo muchas alegrías. Su grupo de compañeros de trabajo, eran unos muchachotes divertidos. Fuertes y fornidos, aunque algo morochones, se pasaban la noche jugando a ver quien arrojaba mas lejos la bolsa mas pesada. Hasta que una noche oscura y fría, Paco agarró una bolsa y en una descuido se le abrió. Al instante salió de su interior unos documentos. Paco, intrigado comenzó a leerlos con la poca instrucción que había adquirido en sus tiempos mozos. Y descubrió que era un testamento.
Todo estaría bajo las órbitas de lo normal si no fuera por la razón de que dicho testamento había sido escrito por el mismo. Paco enloqueció al instante. Fue internado junto a su viejo gato, Arado, en
un neurosiquiátrico del interior.
escrito por Germán Lentner"
Ya no veo a esta gente, ni sé que fue de sus vidas (a muchos ni los conocí) pero el intercambio que se produjo por unos meses, semanas, días (no recuerdo) fue muy interesante. Eran los comienzos de internet!
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